11 insólitos países inexistentes que reclaman el reconocimiento mundial

5 de marzo 2018

Se los conoce como "micronaciones", porque tienen un territorio delimitado, autoridades designadas, bandera, himno y pasaporte, pero no los reconoce ningún Estado soberano y apenas si son tomados en serio. Cómo viven y qué buscan las personas que los habitan

Stuart Hill estaba por cumplir 60 años cuando se dio cuenta de que no había hecho nada relevante en toda su vida. Entonces decidió emprender una travesía única: circunnavegar las Islas Británicas por su cuenta. Fue un desastre. Naufragó y debió ser rescatado tantas veces que empezó a ser conocido como «Capitán Calamidad».

En una de sus fallidas incursiones, terminó en el archipiélago Shetland, ubicado en el nordeste del Reino Unido. Así conoció a Forewick Holm, un islote de una hectárea que lo cautivó. En 2008 empezó una campaña para declarar la secesión del diminuto territorio. Basándose en supuestos documentos históricos, sostiene que Shetland, que había sido conquistado por los vikingos durante su expansión entre los siglos VIII y XI, nunca fue formalmente cedido a la corona británica.

Hill fundó el Estado Soberano de Forvik y declaró la independencia del Reino Unido en 2011. Haber sido ignorado no fue su mayor problema. Lo que verdaderamente le preocupa es la demanda judicial interpuesta por Mark King, presunto dueño del islote. Hill sostiene que se lo cedió gratuitamente, pero King le retruca que se había comprometido a pagar un monto que nunca abonó.

A pesar de toda la precariedad, Forvik emitió en este tiempo más de 200 certificados de ciudadanía, vendidos por su conquistador por unos 80 dólares. El país expide hasta registro de conducir, aunque no tiene caminos por los que se pueda circular en auto. Hill es su único habitante, y sólo pasa allí parte del tiempo, ya que en la isla no hay ningún tipo de infraestructura.

El caso de Forvik es probablemente el más excéntrico, pero no el único. En el mundo hay decenas de micronaciones, entidades territoriales que un grupo de personas ocupa y proclama como países independientes. A diferencia de los grupos independentistas más grandes y conocidos —que exigen la soberanía, pero no la ejercitan—, actúan como si fueran estados constituidos, aunque nadie los reconozca como tales.

El geógrafo Nick Middleton, profesor del St Anne’s College, de Oxford, contó al menos medio centenar de micronaciones en un libro publicado en 2015: Atlas de los países que no existen. Un compendio de 50 estados no reconocidos y ampliamente inadvertidos (Editorial Macmillan).
El sueño del país propio

«Hay grupos que pretenden establecer microestados y tener la soberanía sobre áreas más grandes por diferentes razones. Puede ser porque históricamente habían gozado de cierta autodeterminación, porque se sienten oprimidos, o porque perdieron la soberanía casi que por un accidente histórico. Otros ven una oportunidad comercial», explicó Middleton en diálogo con Infobae.

Las micronaciones podrían considerarse como una expresión particular del fenómeno general del separatismo. El sociólogo maltés Godfrey Baldacchino, presidente de la Asociación Internacional de Estudios sobre Islas Pequeñas, sostiene que las tendencias secesionistas se pueden clasificar en tres grupos.

«El primero está compuesto por personas que comparten una lengua y una cultura, y que tienen una historia de persecución en manos de un Estado más grande. El segundo son regiones ricas que no quieren compartir sus recursos con miembros más pobres del mismo país. El tercero son regiones que sienten que les puede ir mejor defendiendo sus propios intereses en vez de permitir que un Estado mayor lo haga por ellas», contó Baldacchino a Infobae.

Sin embargo, hay diferencias de peso entre los separatismos más resonantes, como el catalán o el escocés, y las micronaciones. La más importante es que la historia y la identidad nacional de las últimas suele ser más débil. Por eso, los conflictos con los estados de los que se independizan no suelen llegar a confrontaciones violentas.

Gran parte de estos «países inexistentes» son creados por razones más anodinas. En algunos casos, hasta lúdicas. En muchos otros hay una reivindicación verdadera, pero la declaración de la independencia aparece como una respuesta más bien simbólica, sin demasiadas consecuencias prácticas. Eso explica, en parte, que las naciones de las que se separan lo acepten con bastante pasividad.

«La mayoría de los estados reconocidos ignoran estos reclamos, esperando que se esfumen —dijo Middleton—. En general no quieren ser vistos como los que aplastan innecesariamente al ‘hombre pequeño’. Algunas veces, esas demandas terminan cediendo. Pero otras, los ‘no países’ autoproclamados continúan durante décadas, a pesar de su falta de reconocimiento».

Lo interesante es que no todas estas iniciativas son como Forvik. Hay varias que de hecho logran ejercer muchas de las funciones que se esperan del aparato estatal.

«Los gobiernos pueden operar y gobernar a la gente incluso aunque no sean reconocidos. Al Estado Islámico y a Somalilandia no los reconoce nadie. A Taiwán, apenas 20 países. Pero igual tienen una estructura de gobernanza, con una administración propia y con cobro de impuestos. Lo que hace el no reconocimiento es impedirles participar de foros internacionales y de los canales diplomáticos», dijo Baldacchino.

Loading Facebook Comments ...
Shares