Un nuevejulino empecinado en mejorar las realidades sociales

24 de octubre 2016

Walberto Allende (61) se arremanga a las necesidades sociales y escucha su sentido común. A diario, el ministro desnuda su pasión por lo que hace y le pone optimismo. Conocé la historia del funcionario que no para de llevar a su equipo por cada rincón de los 19 departamentos.

Pasadas las 13 horas, sigue en su oficina del Centro Cívico. Aunque a veces demore, nadie se va sin ser atendido. Una pila de expedientes en el escritorio, la secretaria que entra y sale, y alguien de su equipo que le consulta una urgencia. De fondo, música que suena a bajo volumen, mientras Walberto Allende atiende con la informalidad que lo caracteriza y aquella que lo acerca a cada sanjuanino.

Walberto Allende es el ministro de Desarrollo Humano y Promoción Social desde hace menos de un año, pero su carrera política fue el aval que le abrió paso a ocupar un área sensible para cualquier gobierno. Nacido en el departamento San Martín, él dice que es nuevejulino. Es que, a los diez días de su nacimiento, su familia se mudó por trabajo a lo que hoy es su lugar en el mundo: 9 de Julio.

El funcionario se suelta para relatar su vida y es indisimulable la alegría, esa que trae la nostalgia de los buenos momentos pasados. El recuerdo de su infancia y de cada paso que dio hasta ahora, lo ponen contento.

“Teníamos una infancia muy difícil, pero recuerdo el esfuerzo enorme de los viejos para criarnos a todos, mucho sacrificio. Por eso siempre digo que hay que trabajar, hay que esforzarse. Nuestra familia siempre se ha dedicado a construir parrales, somos parraleros, una tradición que arrastró mi padre de su papá y de los abuelos. Yo, antes de estar de vago como ahora –bromea-, trabajaba haciendo parrales con mis hermanos”, indicó el funcionario que desde los 10 años de edad repartía las trabas o tiraba los alambres. Y con sus amigos iban medio día a la escuela Granadero San Martín y el otro medio día cosechaban cebolla.

Son siete hermanos, y el ministro es el segundo hijo y el primero de los cuatro varones. La familia llegó a tener dos cuadrillas, una encabezada por su padre y otra por él. Fue como una empresa familiar y, hasta ahora, su papá no dejó de trabajar.

Cuando los diferimientos impositivos, los Allende no pararon de hacer parrales y hubo temporadas donde llegaron a hacer casi 200 hectáreas.

“Mi viejo ha ido a Catamarca, Tucumán, Mendoza y La Rioja, haciendo parrales, y a San Luis alambrando estancias por mucho tiempo. Con eso pudieron mantenernos a los siete y a mis tíos, porque yo tengo tíos de la misma edad mía. Mi vieja se casó de 15 años y mi viejo de 18, fallecen los padres de ella y mi vieja trae a los hermanos a vivir con nosotros. Éramos una banda porque ellos también eran siete. Fuimos carecientes de muchas cosas en lo material pero no del cariño de la familia.”, detalló el ministro.

Vivieron en unas cinco fincas distintas, todas dentro de la villa cabecera de la comuna. Cuando el funcionario tenía 12 años, su papá compró un lote y construyó la casa familiar.

“Mi mamá fue toda la vida ama de casa, trabajó muchísimo y ahora sufre de los brazos porque amasaba 20 kilos de harina día por medio, había que hornear y lavar. Antes era muy distinto en el campo, los hombres, no todos por supuesto, no eran de darle mucha comodidad a la mujer. Por lo general, había una batea debajo de un árbol a la intemperie y se cocinaba en el fogón”, recordó Walberto Allende.

La política y la bici

Su incursión en política la atribuye a su papá, un peronista hasta la médula que fue concejal de 9 de Julio en 1983. “Yo siempre anduve en la labor de dirigente, me gustaba en la Unión Vecinal, en el club, siempre estaba en algo. Fui delegado gremial en la Municipalidad. Actualmente soy empleado de Obras Sanitarias desde el ’94, y del 95 al 99 fui concejal, de ahí no fui candidato a nada y volví a Obras Sanitarias. Después fui candidato a intendente, perdí y en el 2003 me convoca José Luis Gioja para ser subsecretario de Emergencia. Luego fui candidato en 2007 y ganamos la intendencia en 9 de Julio”, resumió Allende su carrera.

Lo cierto es que ser intendente era el sueño de su vida y hasta planeaba qué era lo primero que haría en caso de serlo: dejar la plaza y la iglesia como nuevas. Y los dos períodos en la intendencia le permitieron concretar más que eso.

La campaña la hizo en bicicleta, casa por casa. Y amerita su triunfo a que los vecinos lo vieron como uno más, como a un par. “En los pueblos chicos es muy difícil que te elijan siendo del lugar, siempre está el doctor o el abogado, o el que viene de afuera porque la gente considera que viene con más preparación . Llegar a gobernar el lugar donde has crecido es totalmente distinto a todo lo demás. Nunca me la creí y siempre digo que jamás hay que creérsela. Hay veces que sí extraño la intendencia, pero es una etapa cumplida y me parece que son buenas las alternancias en política”, indicó.

La bicicleta que lo acompañó en la campaña es de mujer, la compró usada por el ’77 y ya era vieja. “Hace como cinco años mi hija la hizo pintar, pero tiene la misma llanta. La conocen todos, es famosa, todavía la uso para ir a la cancha. Los muchachos me la robaron dos o tres veces y luego apareció. En esa bici también hacía trabajos en las fincas, he cosechado con gamela porque me encanta cosechar. En el ‘95 fue el último año que lo hice, ya era empleado de la Municipalidad y me pedía licencia para la época de cosecha, ganaba un poco más y le sumaba. Así me pude comprar una moto, después la cambié por una heladera usada. En Obras Sanitarias también me pedía la licencia para la cosecha”, relató Allende.

El ministro dijo que la convocatoria del gobernador Sergio Uñac lo sorprendió. “Nunca especulé, si hubiera especulado estaría en la Legislatura, era mi jubilación. Me gustan los desafíos, esto es uno. Yo digo, si se tiene que hacer, se tiene que hacer. Yo asumí que había un tiempo que me habían elegido para trabajar en un cargo, para mí es un trabajo, y me fui con la tranquilidad que hice todo el esfuerzo que se podía hacer. Lo que no pude lograr no es porque no me haya preocupado, sino porque a lo mejor no lo supe hacer”, precisó.

Al ministro le gustaría que lo recuerden como alguien que “laburó para cambiar realidades, no me gusta convivir con algo que se pueda cambiar. Lo que está bien hay que mejorarlo y lo que está mal hay que transformarlo”.

El funcionario asegura que en la política se van ganando cosas y perdiendo otras, y que no hay que perder el sentido común. “Para la gente no hay problema ni chico ni grande, todos son problemas y hay que buscarles una solución y demostrar que realmente se puede”, señaló.

La familia

Walberto Allende se casó a los 25 años con quien fue su novia siete años y le dio el sí a los 26. Hoy los dos viven solos, porque sus dos hijos, Leonardo (34) y Laura (30) dejaron la casa familiar. Es abuelo de dos nenas: Josefina (7) y Martina (3), hijas de Leonardo. “Ayer le di una sorpresa a Josefina, salí de aquí, no le avisé nada y fui a esperarla a la salida de la escuela. Siempre me dice ‘Tata cuándo no vas a trabajar para que me vayas a buscar’, por eso la sorprendí. Si pudiera, pasaría más tiempo con ellas”, dijo el ministro.

“Mi esposa vivía sobre la Ruta 20, antes de llegar al puente de Caucete, era amiga de mis hermanas y por eso la conocí. Después se van a Chimbas, al Mogote, y yo iba en moto a verla y me congelaba. Yo llegaba a la madrugada a mi casa, prendía las hornallas de la cocina y me subía arriba de una silla para calentarme las piernas. Cuando me casé, tuve guardada la moto dos años. El primer auto que compré fue en el ’91 a un muchacho amigo, un Dodge 1500 modelo ’72”, relató.

Según Allende, compatibilizar la familia y la política es fundamental, pero no es fácil. “A veces, ella me decía que no, pero no trataba de imponerse para que no lo haga porque sabía que era lo que me gustaba. Mis hijos me acompañaban más, ella también pero no era de salir junto conmigo. Pero de no haber sido por el apoyo de mi esposa, no hubiera llegado”, comentó.

El ministro es devoto de la Madre Teresa de Calcuta y tiene fotos de su familia en la oficina

El ministro es devoto de la Madre Teresa de Calcuta y tiene fotos de su familia en la oficina

Se describe como “un tipo muy positivo” que se levanta a las 5,45 de la mañana para estar a las 6,45 en la oficina. Desayuna en el trabajo y al medio día almuerza en su casa. “Me gusta acostarme temprano, a las 22.45 puedo estar acostado y me duermo inmediatamente, no soy de quedarme a ver TV, mi señora se queda viendo. Para ver televisión tengo que quedarme levantado.”, precisó.

Si volviera a nacer de nuevo, está seguro de que haría lo mismo. “No me arrepiento, lo que si pido cada vez que me levanto es tratar de equivocarme lo menos posible en estos lugares de decisión. Nunca vas a conformar a todos, pero si tenés claro a dónde querés llegar y cuál es el proyecto, tapate los ojos y dale. No me gusta que me la cuenten, me gusta ir. En este lugar hay cosas que de ninguna manera no pueden llegar a afectar, principalmente cuando ves niños. Yo a veces llego a mi casa y estoy viendo TV y no sé qué veo. A veces uno se hace problema por la boleta de la luz y hay cada caso, que son realmente problemas”, indicó el ministro que le gusta visitar las escuelas y rescata el valor del docente.

“Creo que la sociedad está como está porque se han ido perdiendo valores. Cuando nosotros éramos niños la palabra del docente era palabra santa, no se discutía. Ahora se lo cuestiona hasta en la propia casa”, precisó.

Un poco más de Walberto Allende

Es hincha de River Plate y su hobby es ir a la cancha para ver a su equipo local, Sportivo 9 de Julio, aunque también ve jugar a San Martín, Sportivo Desamparados, Unión y Alianza.

“Jugué al fútbol, tuve una lesión en la rodilla cuando tenía 25 años y ahí no pude jugar más. No me pude operar porque trabajaba haciendo parrales y si no estaba yo la cuadrilla no podía trabajar”, señaló.

Los domingos se junta toda la familia y llegan a ser como 25 personas, pocos porque si estuvieran todos alcanzarían a ser setenta. “Nosotros somos de la parrilla, mi viejo siempre carnea y yo también, entonces se baja el jamón. Las empanadas que hace el vecino, llegan a las 13 y las comemos parados”, dijo Allende.

Su comida preferida es el pescado y lo prepara frito, mientras que las ensaladas predilectas son las verdes. Del sur del país no conoce nada y del norte argentino le falta conocer Jujuy, Salta y Formosa. Asegura que, tal vez, se hacen amigos en la política, “pero yo no los hago, creo que son adversarios, circunstanciales”. Su temor es a fallar, aunque está seguro de lo que hace y opina, pese a que se equivoque.

Le gusta escuchar música, cualquier estilo. Pero cuando va en el auto suena el folclore y la cumbia villera, más que nada.

Los libros no son su material de lectura usual, sino más bien los diarios y revistas. Y sus películas preferidas son “Gladiador” y “El Día de la Independencia”.

 

 

 

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