Por cada 1000 fallecimientos, un 10% reúne las condiciones para donar

17 de octubre 2016

Lo dijo el coordinador del INAISA-INCUCAI San Juan, Fernando Sarmiento, al dar detalles de algunos puntos complejos en el abordaje del transplante. Apeló a que los medios no difundan informaciones erróneas sobre donación de órganos.

En el marco de la Capacitación en Procuración y Donación de Órganos y Tejidos con fines de trasplante en el Hospital Dr. Marcial Quiroga, el Coordinador de INAISA-INCUCAI San Juan dio detalles de algunos puntos complejos en el abordaje de la temática.

La capacitación estuvo dirigida a los diferentes servicios y residencias médicas, como así también a los integrantes de la Asociación de Terapia Intensiva de San Juan.

El objetivo de estas actividades es capacitar en la Estrategia de Hospital Donante y en el abordaje del paciente neurocrítico y posible donante. Disertó la doctora Natalia Femenia y la licenciada en Enfermería, Érica Tejada.

En ese contexto, el coordinador de INAISA-INCUCAI San Juan, Fernando Sarmiento, dio detalles de algunos puntos complejos en el abordaje de la temática, ya que aun cuando el trasplante es una práctica cotidiana y consolidada, eventualmente resurgen comunicaciones confusas que lo vinculan con prácticas ilícitas.

Sarmiento explicó que “la Ley Nacional 24.193 y su Decreto Reglamentario, establecen en el caso particular de la donación y el trasplante de órganos las prescripciones relacionadas con la protección de la confidencialidad en resguardo de la identidad tanto de dadores como de receptores”.

Y continuó: “el conocimiento público de la identidad del donante y su vinculación con el receptor generan repercusiones de orden negativo que pueden causar profundos daños a las personas involucradas. Para quien ha perdido un ser querido, facilitar y alentar la relación con los receptores podría afectar seriamente el proceso de duelo. En el otro extremo, se deben considerar los posibles daños al receptor durante el período de asimilación del órgano trasplantado”.

Además, Sarmiento indicó que “debido a la complejidad que se requiere para llevar adelante un proceso de trasplante, por cada 1000 fallecimientos un 10% reúne las condiciones para donar”.

“Certificar la muerte encefálica es posible sólo cuando los pacientes neurológicos críticos fallecen en la unidad de terapia intensiva, y hay soporte artificial de funciones”, agregó.

“Apelamos a la responsabilidad de los medios para no difundir informaciones erróneas sobre donación de órganos”, finalizó el especialista.

La concreción de un trasplante es posible a partir de la donación de órganos, acto basado en valores solidarios, acción sostenida por la confianza pública.

En Argentina se concretan más de 1.500 trasplantes de órganos por año y se cuenta con una población estimada de 18.000 trasplantados.

Las cifras evidencian la consolidación del trasplante en los sistemas de salud, consecuencia de contar con recomendaciones de organismos internacionales y países que diseñan políticas sanitarias que desarrollan sistemas de procuración, como así también, por la existencia de leyes que regulan el proceso de donación.

Cuando la muerte es por lesiones que destruyen la estructura encefálica -tales como traumatismo encéfalocraneano- se la conoce como muerte encefálica y significa la muerte, porque en esta estructura se localizan centros vitales sin los cuales es imposible vivir.

El desarrollo tecnológico permite en estos casos el sostén artificial y transitorio de funciones como la oxigenación, a través del respirador, o el latido cardíaco, a través de drogas vasoactivas, lo que no significa en absoluto que la persona esté con vida; la muerte encefálica significa la muerte del individuo.

Es importante tener presente, que además de reunir las condiciones necesarias de muerte para desarrollar un proceso de trasplante, existen causas médicas y la negativa del fallecido en vida, factores que invalidan la donación de los órganos.

Además, hay que destacar que existe un Protocolo de ‘Diagnóstico de Muerte Bajo Criterios Neurológicos” (Muerte Encefálica), que constituye una guía de procedimientos y especificaciones para ser utilizada por los médicos intervinientes, ante la presunción del fallecimiento de una persona (bajo criterios neurológicos), cuyas funciones cardiorespiratorias estén siendo sostenidas por medidas terapéuticas, en unidades de cuidados médicos intensivos.

 

 

 

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