Un centenario motor a vapor es el único bien mueble patrimonial

8 de octubre 2016

Es un locomóvil que en sus momentos de gloria participó en el desarrollo de la industria madre de San Juan: la vitivinicultura. La bodega donde estuvo dos décadas fue destruida por el terremoto del ’77 y tras una intensa investigación pudo ser reconstruido y volvió a funcionar.

Este locomóvil producía la fuerza motriz necesaria para accionar toda la maquinaria de una pequeña bodega y fue importada a la provincia por Don Raúl Aubone para su establecimiento vitivinícola ubicado en calle Frías (hoy Pedro de Valdivia) y Avenida España. Este motor a vapor se convirtió en el primer bien mueble declarado patrimonio de San Juan y está incluido en el primer catálogo del Patrimonio Cultural y Natural que consta de casi 500 bienes. Y es uno de los cuatro bienes que en este último año en curso se declararon como tal.

Fue fabricado por la empresa Ruston & Proctor que estaba radicada en la ciudad inglesa de Lincoln. Para abastecer la amplísima demanda internacional, desde 1875 hasta 1935, se fabricaron más de 170.000 unidades de distinta potencia. Ingresaron muchísimas de estas máquinas al país importadas por su único representante en Argentina, que era la firma Agar, Cross y Cía Ltd., con casa central en Buenos Aires y sucursal en Rosario.

Pero esto no lo sabía su nieto Juan Carlos González Aubone, cuando decidió resucitar la máquina que estuvo abandonada por más de setenta años, después de que la bodega donde estuvo por veinte años quedara bajo los escombros del terremoto de 1977.

El Locomóvil sin la restauracióm

“Era algo difícil en esa época ver en una bodega porque era todo manual. Cuando se electrificó la bodega, quedó en desuso y abandonado a la intemperie, fue depredado muchas veces por vándalos que les interesaba el bronce”, precisó González Aubone, el nieto que, junto a su hijo, decidieron en 2001 conocer la historia del motor y reconstruirlo para que dejara de ser una pieza decorativa.

“Por curiosidad mía y de mi hijo que somos ingenieros electromecánicos quisimos recuperar esta máquina. Nos pusimos en contacto con gente de Australia que son amantes de los motores a vapor y nos dieron mucha información. Nos contactamos con ingleses que tenían los archivos de la fábrica inglesa localizada en Lincoln, se interesaron en nuestra máquina y nos dieron la fecha en que se exportó a la Argentina: el 21 de diciembre de 1902”, relató el nieto de Don Aubone.

Por más de diez años se consultaron y visitaron esporádicamente varios museos, clubes, bibliotecas y anticuarios del país, Inglaterra, Australia y Chile.

Juan Carlos González Aubone y su esposa. El Ministerio de Turismo le dio  una plaqueta.

Juan Carlos González Aubone y su esposa. El Ministerio de Turismo le dio una plaqueta.

“Le faltaban muchísimas piezas al motor. Nos enviaron un catálogo con el despiece de las 1.000 piezas y pudimos recuperarlas fabricándolas nosotros. También nos mandaron las instrucciones del mantenimiento de la máquina”, precisó González Aubone. Lo lograron orientados por fotografías, escuetos dibujos y mucha imaginación.

Afortunadamente por internet y mediante contactos establecidos con distintos clubes australianos de “Amigos de los Motores a Vapor” se logra obtener a través de la Biblioteca de la Ciudad de Lincoln, una valiosísima información técnica. Gracias a estos datos, se pudo iniciar la reparación de la caldera y el motor en el año 2011, concluyéndose el 21 de diciembre de 2012, justo al cumplirse los 100 años de su fabricación en la ciudad inglesa.

“Cuando cumplió 100 años la hicimos andar. Fue expuesta en la Fiesta del Sol de 2013 y el año pasado se presentó en una jornada de patrimonio industrial auspiciada por la Universidad. Ahora está en el galpón de una finca de nuestra propiedad”, comentó.

Este motor a vapor hizo funcionar la maquinaria en el inicio de la revolución industrial de la vitivinicultura argentina. “Mi abuelo fue un importante renovador de la industria vitivinícola, viajaba mucho y traía muchas ideas de Europa. El que continúo la herencia de la producción vitivinícola fue mi padre”, relató González Aubone.

Don Aubone elaboraba “vinos especiales, licoristas, que eran apetecidos por las fraccionadoras en Buenos Aires para hacer cortes y para el vermut Cinzano”, concluyó.

 

 

 

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