El manzano en el que reposó el presidente de la Primera Junta

19 de mayo 2016

Durante 30 días, Cornelio Saavedra residió en la localidad iglesiana de Colangüil. Allí, reposaba bajo la sombra del árbol, que hoy es patrimonio histórico.

La luz solar del atardecer iglesiano impacta directamente sobre las verdes hojas de un manzano. El árbol, de singular belleza, podría ser como cualquier otro de los que invade el fértil suelo de Colangüil, Iglesia, sin embargo es testigo del paso de uno de los hombres más importantes de la historia argentina del siglo XIX: Cornelio Saavedra.

El manzano se encuentra en el centro de la única plaza que hay en la localidad iglesiana, en la que habitan tan solo 65 personas que viven de la cría de chivos y de la agricultura. Al lado del árbol hay una placa, que recuerda a quien pase por allí su valor histórico.

¿Cómo llegó el presidente de la Primera Junta a vivir en Colangüil? En 1811, el español fue destituido de la Junta. Con la amargura a flor de piel, desembarcó en San Juan en busca de contención en la casa de José Fernández Maradona. Durante meses se quedó en la residencia de Maradona hasta que la Asamblea del Año XXIII lo desterró.

Ante el panorama que le esperaba, Saavedra decidió irse a Coquimbo, Chile. Luego se mudó a Santiago. En un primer momento, pensó que en el país vecino había encontrado la tranquilidad que desde hacía tiempo no tenía en Argentina pero la paz duró poco porque las tropas españolas vencieron a O’Higgins y Saavedra tuvo que retornar a San Juan.

Ya en la provincia obtuvo asilo en Colangüil, en una de las tres casas que había en el siglo XIX en la localidad, propiedad de Ángela Borja. La estadía de Saavedra en Iglesia se extendió durante un mes aproximadamente (días más, días menos).

En las lejanas tierras iglesianas, hasta conseguir alimento era una odisea. Para cumplir con la misión de adquirir provisiones, un peón bajaba a la ciudad una vez por semana. Cada vez que eso ocurría, Saavedra se quedaba solo en Colangüil, triste por la ausencia de su familia.
Cuentan que en esos momentos de desolación, reposaba bajo la sombra de aquel manzano, hoy histórico. Pasado un mes en el “pueblo de los pumas”, Saavedra retornó a Buenos Aires.
Finalmente, el hombre murió en 1829 ante un contexto histórico que lo catalogó como un férreo defensor de la monarquía. Su hijo Santiago fue quién contó la estadía de Saavedra en San Juan y la aventura que significó en su vida residir 30 días en Colangüil.

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