La historia de una guerrera iglesiana: la distinguieron por su lucha

9 de marzo 2016

Benita Ramona Pérez nació en plena Cordillera de Los Andes. Toda la vida trabajó para mantener a sus ocho hijos, de los cuales seis quedan vivos. Es muy conocida en la comunidad por sus trabajos como mucama en hoteles del departamento.

Su caminar lento, sus manos de mujer trabajadora y su calidez para hablar emocionaron a todo el público presente en la entrega de distinciones a mujeres sanjuaninas, que se realizó en la puerta de la Casa Natal de Domingo Faustino Sarmiento. La merecedora de tal distinción es Benita Ramona Pérez, una iglesiana muy conocida en el departamento, cuya sabiduría fue destacada por Karina Cortez, directora de Acción Social del municipio.

Benita nació el 23 de octubre de 1931 en campos de Espota, en plena cordillera de Los Andes. Sus padres eran estancieros, cuidaban y pastoreaban cabras y ovejas.

Tuvo 9 hermanos, pero sobrevivieron 7. Poco a poco comenzaron a irse los hermanos en busca de mejores condiciones. A causa de una intensa nevda, ella junto a un hermano y su madre se trasladan al Breal, en Las Flores. Al tiempo se trasladaron a Pismantita, en la Cordillera. Se casó, tuvo seis hijos. En ningún parto contó con asistencia médica.

Tras un tiempo, Ramona se mudó nuevamente al Carrizal. En El Llano trabajó en la cosecha de lechugas, porotos y maiz. También fue mucama, empleada doméstica y hasta derretía grasa de animales para fabricar velas. En esta zona nacieron sus dos últimas hijas. Crió a sus 8 hijos y hasta a algunos de sus nietos.

«Si tengo que darle un mensaje a las mujeres es que sean felices, que luchen, que no se den por vencidas. No estamos hechas para darnos por vencidas», dijo Benita, quien camina con la ayuda de un andador, dificultad que no le impide ir adonde ella quiere gracias al amor de su hija menor, quien la asiste.

Actualmente vive en El Sauce, junto a Juana Pérez, su yerno y sus nietos. Doña Benita tiene 6 hijos vivos, 24 nietos y 15 bisnietos. Su vida es un ejemplo de lucha, de superación y de amor incondicional.

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