Buscan resolver un enigma histórico: quieren saber dónde vivió la Difunta

1 de marzo 2016

El intendente de 9 de Julio, Gustavo Núñez, contó que la idea es que un equipo de profesionales investigue en qué lugar de La Majadita residió Deolinda Correa, popularmente conocida como "Difunta Correa". Cuando se haya resuelto el interrogante, construirán un paraje religioso y un camping.

«Sabemos que Deolinda Correa vivió en la localidad de La Majadita, en el departamento, pero no tenemos con precisión el dato sobre el punto exacto donde residió. Para resolver este interrogante estamos armando un equipo de investigadores», adelantó a Diario Las Comunas el intendente de 9 de Julio, Gustavo Núñez. Cuando se haya definido el punto exacto, allí construirán un paraje religioso para honrar a la santa popular y también un camping.

«Queremos resolver esta pregunta porque queremos arrancar a desarrollar el departamento en materia turística, este sería nuestro gran primer hito e esta materia», añadió el jefe comunal. Para el armado del equipo de investigadores se contrataron profesores de Historia de la facultad de Filosofía, Humanidades y Artes.

La definición del sitio donde residió esta santa que genera una enorme devoción en la población posibilitará arrancar con la construcción de un paraje religioso, con una capilla pequeña. También se hará un camping, para que la gente pueda pasar el día allí. El objetivo es que tenga parrilleros, sanitarios públicos y boxes en los cuales vecinos de la comuna puedan vender alimentos y artículos varios.

Se conservan diversas versiones de la leyenda, conforme la cual Deolinda Correa fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840 durante las guerras civiles. Según el relato, la montonera que viajaba a La Rioja obligó al marido de Deolinda, contra su voluntad, a unirse a las montoneras. Esto hizo que Deolinda, angustiada por su marido y a la vez huyendo de los acosos del comisario del pueblo, decidiera ir tras él.

Deseosa de reunirse con su marido en la rioja tomó a su hijo lactante y siguió las huellas de la tropa por los desiertos de San Juan llevando consigo sólo algunas provisiones de pan, charque y dos chifles de agua. Cuando se le terminó el agua de los chifles, Deolinda estrechó a su pequeño hijo junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo. Allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Cuando los arrieros pasaron por el lugar al día siguiente y encontraron el cadáver de Deolinda, su hijito seguía vivo amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. Los arrieros la enterraron en el paraje conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al niño.

Al conocerse la historia, muchos paisanos de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, construyéndose con el tiempo un oratorio que paulatinamente se convirtió en un santuario. La primera capilla de adobe en el lugar fue construida por un tal Zeballos, arriero que en viaje a Chile sufrió la dispersión de su ganado. Tras encomendarse a Correa, pudo reunir de nuevo a todos los animales. Hoy en día mucha gente deja en el santuario de la difunta botellas con agua, pensando que «la difunta toma esa agua».

 

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