En una capilla de pueblo, los bautismos ya no serán iguales

22 de enero 2016

La Capilla Nuestra Señora de Andacollo, ubicada en la localidad veinticinqueña de Tupelí, tiene por primera vez una pila bautismal y es la que Omar Castro (40) hizo con sus propias manos y donó como ofrenda en la última fiesta patronal.

Todavía no se estrena la pila bautismal que hizo Oscar Castro para la Capilla de su pueblo porque no hubo bautismo después de que la donó. Este herrero metalúrgico siempre vivió en el departamento 25 de Mayo, en esa pequeña localidad que es Tupelí. El trabajo que tiene suele ser por temporada y es poco lo que gana en el humilde taller que tiene en su casa. Pero no dudó en confeccionar la pila bautismal y donarla a la Capilla porque no tenía.

“Fue una iniciativa de mi familia y la idea fue porque todos los años se hace una ofrenda para la fecha de la fiesta patronal. Y la donación fue de todo el Grupo Divino Niño Jesús que integramos desde hace catorce años”, comenta Castro. Ese Grupo está conformado, en su mayoría, por toda la familia del veinticinqueño y el de su esposa, Marisel González (37), además de otros lugareños del pueblo donde habitan unas 300 familias.

Los Castro bautizaron a sus cuatro hijas en esa Capilla que tiene unas rejas que también llevan el sello de este herrero porque donó la mitad de la mano de obra. “Hace como doce años que me dedico a la herrería y trabajo en una bodega y en un diferimiento, me toman por la temporada. Salgo adelante con el taller, en mi zona se trabaja poco pero yo hago cosas para tratar de venderlas. Me gusta la mueblería artesanal como las lámparas, sillas y sillones, pero me cuesta venderlo”, precisa Castro.

No tiene idea cuál es el precio de una pila bautismal, pero asegura que no le pondría precio y que si tuviera que hacer otra para una capilla también la donaría.

La pila bautismal tiene 85 cm de alto y 55 de ancho, al medio le colocó una bandeja de acero inoxidable y su esposa la decoró con piedras. “La terminamos a última hora, unas tres horas antes de donarla. La fui haciendo en los ratos libres que tenía porque trabajo desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Pero en total, me llevó un día y medio hacerla”, señala.

Castro no cabe en su orgullo por la labor que hizo junto a su familia y comenta que el párroco estaba muy agradecido por la ofrenda que fue una sorpresa tanto para él como para el resto de la comunidad que no pertenece al Grupo religioso.

 

 

 

 

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