El Chapo intentó sobornar a los policías, prometiendo: «Si me dejan libre, nunca más tendrán que trabajar». Pero hicieron caso omiso y esperaron la llegada de los refuerzos por una vía rápida, de dos carriles y mucha visión. Y llegaron rápido decenas de hombres que se apostaron con sus armas en la terraza a la espera de que pudieran sacar al pez gordo.