Los niños sin identidad, la otra cara de la inclusión social

9 de diciembre 2015

En el asentamiento Pedro Echague, ubicado en Santa Lucía, hay 3 sectores que tienen unos 225 lotes con dos o tres viviendas cada uno. Más de 500 familias y cerca de 2.000 niños, o más, habitan en el lugar. Gran parte de los menores y adolescentes todavía no tienen DNI o no pudieron renovarlo. Para el Estado y para la sociedad, no existen.

Medir el progreso en el asentamiento Pedro Echagüe, no es fácil. Hace quince años atrás era el mismo, con la diferencia de que ahora hay más familias y, como no queda lugar, siguen haciéndose ranchos pero arriba de las vías del tren de la Estación Pedro Echague -de allí el nombre de este asentamiento-. Agua, luz y algunas construcciones de material cambiaron la fotografía de hace más de una década, pero el olvido sigue siendo el mismo.

En el sector 1, vive Nancy Ramos desde hace diecinueve años y tiene 13 hijos, de los cuales 5 no tienen DNI y ella, junto a sus hijos mellizos, deben renovarlo. El caso de Nancy es el ejemplo de muchos, tantos que se hace difícil sacar la cuenta de la cantidad de niños y adolescentes que no tienen documento sumados a los que deben renovarlo. No ir a la escuela porque no tienen documento es moneda corriente en el asentamiento donde habitan fácil unos 10 niños por lote. Es que, el grupo familiar fue agrandándose y en cada terreno hay hasta tres familias.

“En este sector solamente hay unos 75 lotes y en los otros dos calculamos que la misma cantidad en cada uno, pero hay que agregar las casas que están en la vía. Hay muchos niños que no tienen DNI o no lo tienen al día y acá nunca vino el tráiler sino que estuvo en Alto de Sierra. Hay niños que pueden ir a la escuela, pero si les aceptan la partida de nacimiento”, indica Estela Olguín, vecina de Nancy Ramos. El tráiler al que hace referencia es el operativo de Abordaje Territorial encarado por el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia donde participaban diversas áreas y también el Registro Civil para que las personas pudieran tramitar el DNI.

Durante la última campaña electoral, los vecinos no vieron otra cosa que promotoras militantes llevando votos. Ningún candidato entró al asentamiento por donde pasa una sola línea de colectivo cuatro veces al día. La frecuencia se reduce a tres porque a las 21, el último horario, los choferes prefieren pasar de largo. La solución es una sola: caminar unas quince cuadras para tomar la línea 38 que pasa más seguido. La atención pediátrica más cercana está disponible dos veces por semana y se anotan 6 chicos por día. Y ni hablar de las ambulancias que pueden demorar, con suerte, hasta 3 horas después de reiteradas llamadas.

A minutos de la capital sanjuanina, la inclusión social quedó en el camino y la falta de DNI es el rostro oculto de una pobreza que pareciera propagarse impunemente. Ser indocumentado agrava y perpetúa las condiciones de pobreza.

“Yo tengo que renovar los documentos de mis cuatro hijos que tienen 9, 8, 7 y 6 años”, indica Mónica Gutiérrez, una nueva vecina que vive en la vía del asentamiento desde hace un mes. Las madres no anotan a sus hijos cuando nacen por distintos motivos. La pobreza económica y cultural, combinada con la burocracia de los trámites una vez vencidos los plazos legales atentan contra la regularización de estas personas. Ocurre que, en la mayoría de los casos, resulta muy difícil cumplir con los trámites que pide la Justicia.

 

 

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