La anciana casi centenaria que sueña con conocer a Gioja

9 de diciembre 2015

Se llama Isolina del Carmen Herrera y ayer cumplió 98 años. Nunca militó en política, este año no faltó a votar y es fan del gobernador Gioja, a quien quiere conocer antes de morir. Cada cumpleaños lo pasa rodeada de sus afectos.

Casi un siglo de vida y no parece. Un ejemplo de vejez al que cualquier mortal quisiera llegar. Isolina Herrera cumplió ayer 98 años de vida y se emocionó con cada llamado telefónico que le hicieron para saludarla. El llanto le salta fácil, más todavía cuando repasa momentos de su longeva vida que le traen recuerdos tristes. La sonrisa le aparece de inmediato cuando habla del gobernador José Luis Gioja, el único hombre de la política que supo admirar y anhela conocer antes de dejar este mundo.

“Siempre he sido hincha del gobernador Gioja. Nunca le pedí nada, pero he visto cómo ayudó a la gente con muchas cosas y la cantidad de barrios que hizo”, precisa Isolina, sentada con su andador al costado porque desde hace 3 años le cuesta caminar por una hinchazón en las piernas. “Es como un reuma”, explica. No sabe lo que es tomar otra medicación que no sea para aliviar el malestar de sus piernas.

Al medio día, mientras Isolina tomaba mate, en la cocina hervía pollo y mientras charlaba no descuidaba ni por un segundo la comida. Ella se encarga de preparar el almuerzo todos los días en la casa donde vive con su hija, yerno y una nieta. Prepara de todo, pero lo que más le gusta cocinar son los tallarines. La anciana ya tuvo su festejo de cumpleaños el sábado y se lo hicieron por segunda vez en un club donde trabaja su nieta. Antes, siempre lo celebró en su casa.

Isolina es hija única. Su madre fue entregada a la familia Tacheret para que la criaran y fue mamá soltera. “Mi papá quería casarse con ella pero los Tacheret no quisieron porque decían que era mujeriego. Mi padre se casó con otra y tuvo cuatro hijos. Yo lo veía a él. En verano íbamos a Cañada Honda y mi papá se tomaba el tren para verme”, relata. Estudió solamente en la Primaria y trabajó de joven para poder pagar el alquiler de una pieza donde vivía con su mamá que padecía de Parkinson. Se casó con más de veinte años de edad.

“Conocí a mi marido siendo madrina en Concepción, en la casa de una prima. Él vivía al frente. Me casé sin fiesta. Él buscó otra casa y vivimos ahí los tres porque yo le dije que no iba a dejar a mi mamá que estaba enferma. A los años, nos separamos porque él hizo pareja con una vecina, pero no dejaba de ver a sus dos hijas. Murió de un infarto en mi casa cuando yo le estaba cebando mate”, recuerda Isolina. Fue su único amor.

Haciendo un recorrido por su vida, comenta que nunca estuvo relacionada a la política. “Lo único que hice fue ser presidenta de Mesa durante la gobernación de Juan Maurin”, indica. A Isolina le hubiera gustado ser maestra y tener su casa propia. Es que, la casa que construyó con sus propias manos su marido albañil tuvo que venderla cuando se hizo la Avenida Circunvalación. El dinero que recibió no le alcanzó para comprar otra vivienda y tuvo que andar alquilando con sus hijas, estando separada de su marido. Mientras vivió con él se dedicó a ser ama de casa porque la buena fama de albañil hizo que tuviera trabajo en departamentos del interior de la provincia y ella lo seguía.

Para ganarse la vida cuidó niños de mamás que tenían que salir a trabajar. Este trabajo nunca le disgustó porque ama a los niños y sus tres bisnietos dan fe de ello. Le gusta cantar y no ha olvidado la letra de algunos tangos. Si le piden que cante, no se hace rogar y, alejada del pudor, se entrega al público familiar.

Nunca faltó a un acto eleccionario, tiene asistencia perfecta. “Este año fui a todas las elecciones. Cuando salí del cuarto oscuro las personas me aplaudieron. Yo le pedí a Roxana (su sobrina) que me llevara y fuimos”, precisa la anciana que vive en el Barrio Natania VII, en el departamento Rawson.

¿Le gustaría llegar a cumplir 100 años? “No sé, he vivido muchos años ya”, contesta Isolina. Inmediatamente, su sobrina Roxana le dice: “Tenés que vivir más, mirá si viene el gobernador Gioja y te golpea la puerta. ¿Qué harías?”. Isolina cambia la expresión de su rostro y asegura que no sabría que decirle. “Me pondría muy contenta, cuando el gobernador tuvo el accidente en el helicóptero no me cansaba de llorar y pedirle a Dios que lo salvara. Yo soy muy creyente y en las noches rezo por todos”, concluye.

 

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