Un peregrinaje en búsqueda de la inclusión

13 de octubre 2015

Laura Rojas es mamá de tres varones que padecen epilepsia, dos de ellos tienen retraso mental y el otro motriz. La psiquiatra les recomendó practicar natación y no encuentra natatorio donde acepten a sus hijos con discapacidad.

Hugo (11), Leonardo (7) y Joel (5) son los hijos de Laura Rojas que no pueden practicar natación porque en la mayoría de las piletas que hay en la provincia no los aceptan. Los motivos son distintos, pero lo cierto es que hay carencia de natatorios para chicos con discapacidades como las que tienen estos tres hermanos.

Hugo padece de epilepsia refractaria crónica con retraso mental y TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo), Leonardo también es epiléptico con retraso mental y su autismo severo le impide hablar. Joel, además de una epilepsia no especificada y TGD, tiene retraso motriz. Los tres asisten al Centro Educativo Terapéutico Casita Amarilla, ubicado en el departamento Angaco, pero desde hace diez días están suspendidos por problemas de conducta. Para reincorporarse, Laura deberá llevar un informe que le entregue la psiquiatra que le recomendó que sus chicos vayan a una pileta de natación.

“Es importante para ellos hacer una actividad y la más recomendada es la natación porque los calma, les genera estimulación. He ido a casi todas las piletas que hay en San Juan, en el Palomar me dijeron que no porque ellos no saben nadar, la pileta es profunda y los profesores no están capacitados. A la Palestra fueron una sola clase y después de que pagué el mes me dijeron que iban a abrir otro horario si es que podían conseguir otro profesor. Ahí tienen 15 niños y decían que por eso no podían dedicarles mucho tiempo. Yo sé que requieren más atención y me ofrecí a entrar en la pileta con ellos para que pudieran tener las mismas actividades y me dijeron que no. También llamé a una pileta que está cerca del Hospital Marcial Quiroga, pero la están techando y la abren recién en diciembre. En la Piscis, la dueña me dijo que no tendría problema pero que los profesores no se quieren hacer responsables si pasa algo cuando ellos están dando las clases. En el Hogar y Centro de Día Huarpes, no hay lugar y no reciben chicos con esa discapacidad, si fuera solo motriz sí”, relató Laura Rojas, que vive junto a sus hijos y su pareja en Santa Lucía.

Por recomendación de la misma psiquiatra, Rojas fue al gimnasio del Estadio para que sus chicos asistieran los miércoles y sábados, y así tuvieran alguna actividad como alternativa a la carencia de natación. “Pero no hay un grupo de la edad de mis hijos, sino de 13 a 15 años y andan casi solos, tienen poca supervisión”, indicó la mamá.

Los tres chicos caminan y en el verano usan la pileta que arman en el patio de la casa, pero lo más importante de practicar natación afuera es la socialización. La pareja de Laura está sin trabajo y para poder vivir decidieron hacer pan y semitas para vender todos los días. Su hijo de 11 años, Hugo, recibe una pensión por discapacidad. Con el Monotributo Social pueden tener obra social y así cubrir la terapia. Según Laura Rojas, la obra social puede facilitarles una acompañante terapéutica, pero para uno solo y no para ir a la pileta sino para la escuela. “Pedimos una para mi casa, pero son pocos los que quieren ir a domicilio. Además, el trámite demora como un año y hay que ir a mover el expediente en el Estado para que la autoricen”, señaló.

Laura con su hijo Hugo Con dos de sus hijos

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