La primera mujer en Latinoamerica en ser legisladora fue sanjuanina

24 de abril 2017

El 24 de abril de 1965 falleció Emar Acosta, abogada riojana que se convirtió en la primera mujer diputada en San Juan, en el país y en América Latina. Una escuela en La Plata y un premio para mujeres lleva su nombre.

Gracias a la reforma electoral de Federico Cantonni, San Juan fue la primera provincia en el país en otorgar los derechos políticos a las mujeres. Con ese avance, Emar Acosta ganó una banca legislativa y ese puesto lo ocupó para trabajar en avances sociales, laborales y educativos.

Ella nació en La Rioja el 22 de agosto de 1900, cumplió sus estudios secundarios y se dirigió a Buenos Aires, donde estudió Derecho y se recibió de abogada. Fue la primera mujer matriculada en el Foro de Abogados de San Juan y llegó a ser juez de esa provincia, que inspiró sus ideales de labor y reivindicación femeninos. Con el apoyo de la Asociación de la Cultura Cívica de la Mujer Sanjuanina, Acosta decidió su candidatura a legisladora provincial y esto marcó el inicio de su lucha política, fuertemente comprometida a perseguir el bienestar de la provincia con sus ideales.

El 22 de julio de 1934, la abogada, juez y legisladora, se convirtió en diputada, siendo la primera mujer en acceder a una banca legislativa en la provincia de San Juan, en Argentina y en América Latina. Su nombramiento trascendió lo regional y hasta fue reflejado por la prensa mundial, incluyendo el New York Times, que la colocó en la portada con los personajes más célebres del momento, Roosevelt y Stalin. Su labor legislativa se centró en la lucha por el salario y el trabajo obrero, la salubridad pública y la reforma de los códigos provinciales, en vista de reparar las necesidades y derechos naturales de la mujer. Fue autora de proyectos destinados a proteger niños huérfanos, desvalidos y delincuentes. Propició la construcción de viviendas y hogares obreros, la adquisición de un consultorio médico ambulante y la formación del Fondo de la Industria para permitir trabajos en distintos oficios en la cárcel pública y casa de corrección. Finalizada su labor legislativa, se dedicó a la abogacía, especialmente en causas relacionadas con la minoridad y la familia, y a la docencia, desempeñándose por más de veinticinco años como profesora en el Colegio Nacional “Monseñor Pablo Cabrera” y en el Liceo de Señoritas.

Actualmente una escuela en La Plata (Buenos Aires) lleva su nombre al igual que el premio de la Fundación Crisis Global y la Fundación Ecomujeres que reconocer el trabajo sustentable de la mujer en el ejercicio público y político.

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