El joven que es seducido por los retos y no para hasta conquistarlos

17 de noviembre 2016

Emilio Baistrocchi (38) es el ministro de Gobierno provincial que apenas con 28 años quedó al frente del área previsional que le dio jubilación a 20 mil sanjuaninos y luego dejó su marca personal en la Legislatura. Aceptó este cargo clave porque es perseverante y esquivo al fracaso. Dice que lo peor es no intentarlo y por eso siempre va para adelante.

Desde diciembre del 2015, su vida cambió 180 grados. Sabía que, por la cercanía y confianza que tiene con el gobernador Sergio Uñac desde hace unos años, iba a ser parte de su equipo. Pero nunca imaginó que sería el ministro de Gobierno, tarea que implica llevar a cuestas la seguridad de los sanjuaninos, tema de los más reclamados por la sociedad.

¿Lo pensó antes de aceptar?  “Me lo plantee en reiteradas ocasiones, pero uno nunca llega a dimensionar lo que es esto hasta que está adentro, con la cantidad de gente que tiene, el presupuesto y los problemas que hay que solucionar en el día a día. Si yo no aceptaba este desafío, tal vez hubiese estado más cómodo, me hubiera quedado con la expectativa y la duda y no soy de quedarme con dudas”, indica el funcionario.

Emilio Baistrocchi es abogado, recibido en la Universidad Nacional de Córdoba. No sabe por qué eligió estudiar Abogacía, lo cierto es que después de cursar dos años de Psicología cambió de carrera. “Me fui a vivir con dos primos que estudiaban Abogacía y calculo que en el transcurso de la convivencia me hicieron cambiar. No me costó nada la decisión y la carrera la hice en tiempo y forma. Nunca pensé mucho el por qué, directamente me cambié, a pesar de que Psicología me gustaba”, relata el joven ministro que nació en Capital, departamento en el que vivió la mayoría de sus años de vida.

Hasta los 7 años residió en el Barrio Smata, después se fue con su familia al Barrio Parque de Mayo y cuando murió su abuela, ya comenzando el secundario, se mudaron al centro a la casa paterna de su mamá. Hizo la primaria en la Escuela Modelo y el secundario en el Colegio Inglés. Lo terminó siendo estudiante de intercambio en Estados Unidos, en el pueblo Poplar Bluff que está en Missouri.

Desde hace poco, vive en Rivadavia con su esposa y dos hijos (un varón de 3 años y una nena de 1 año). Pasó de vivir en un departamento, a residir en una casa porque se fue agrandando la familia. Está casado desde hace seis años, tras estar un lustro de novio con la mujer que conoció invitándola al casamiento de uno de sus mejores amigos.

Es el mayor de cuatro hermanos, dos de los cuales son mellizos y uno solo no es abogado. El que le sigue es dos años menor que él y los mellizos le llevan seis años menos de diferencia. Al ministro le parece curioso que sean tantos abogados porque ninguno de sus padres lo son: su papá (70) es contador y su mamá (64) docente. Tuvo una infancia “de barrio,  siempre con grupos de niños. Fue muy familiar porque mis viejos eran apegados a sus familias, tenemos muchos primos”, recuerda el funcionario al que le encantó la escuela secundaria porque, pese a ser un grupo reducido, todos eran muy amigos.

Sin embargo, sí tiene antecedentes de política en la familia porque su padre fue presidente de la Caja de Acción Social, un hombre del justicialismo que después se dedicó a la actividad privada. Por el lado de su madre, un tío abuelo del ministro fue jefe de la Policía y también del palo justicialista.

baistrocchi

En su paso por la Facultad de Derecho, se acercó al Centro Estudiantil por los campeonatos de fútbol que se organizaban, pero no participó activamente de la movida política universitaria.

Al terminar su carrera en Córdoba, Baistrocchi regresa a San Juan en el año 2004 e inmediatamente comienza a ejercer. “Las amistades y los conocidos, y el propio ejercicio de la abogacía, me llevaron a incursionar en el Partido Justicialista, en la Agrupación de Abogados Justicialistas, y a partir de ahí comencé a recorrer el camino de la política”, comenta.

El ministro reconoce que se ha sentido más cómodo en la función pública que en el ejercicio mismo de la abogacía “porque tiene que ver con lo social, la cercanía con la gente. Veo que existe más proximidad y posibilidad de solución de conflictos desde la política que desde la abogacía. La política es una herramienta de cambio y, bien usada, uno puede generarlo”, indica.

El comienzo

Sus inicios en la función pública se remontan al año 2006, cuando fue convocado a ocupar un área del Centro de Asesoramiento Previsional y a los pocos meses quedó al frente de esta repartición que guarda el récord de 20.000 jubilaciones a personas que nunca imaginaron jubilarse.

Conoció a Rubén Uñac, cuando era candidato a vicegobernador de la mano de José Luis Gioja, y en el año 2008, cuando la fórmula fue electa, el hermano del actual gobernador le propuso ser el secretario de la Cámara de Diputados. Desde entonces, se metió de lleno en la vida política. El ministro litigó hasta el 2011 en el estudio jurídico que compartía con ocho colegas, pese a que el puesto en la Legislatura le sumó responsabilidades y le costaba más ejercer como abogado. Es que, en el palacio legislativo tuvo una labor histórica: el digesto jurídico, que no fue otra cosa que ordenar la legislación sanjuanina de prácticamente un siglo.

“No me imaginaba estar en este lugar. Quien es hoy el gobernador, incluso su hermano, me vieron trabajar desde muy joven y fueron mis mentores políticos. Saben cómo trabajo, lo metódico que soy y los equipos que tengo. El buen resultado de lo que me pidieron, resultó en esto, que es todo un desafío”, comenta el funcionario.

Baistrocchi dice que es muy fácil quejarse, opinar y dar soluciones al boleo cuando uno está desde afuera. “Pero estando del otro lado, es muy difícil plasmarlo porque el Estado tiene una mecánica burocrática que muchas veces es impeditiva”.

El ministro entra a trabajar a las 8 de la mañana y tipo 15 horas deja la oficina, vuelve a las 18 –después de llevar a su hijo al Jardín de Infantes-y termina el día laboral a las 22 horas. Esto grafica claramente el cambio de 180 grados de su vida. Apenas le queda tiempo para compartir con su familia, dejó de practicar deportes y visita menos a sus padres. No apaga nunca su celular, porque la tarea pública es full time, a domicilio.

“Siempre trato de estar con la familia, pero es muy difícil acomodar los tiempos porque suena el teléfono un sábado, un domingo, no hay horario. Por amoldarme a la función, el primer semestre fue complicado porque es una función que no conocés, aunque te la podés imaginar, la podés prever. Sirvió de bálsamo, fue fuerte y hoy para planificar sirve mucho, ya que no se puede planificar sin conocer cómo es esto”, detalla Baistrocchi y recalca que su virtud es conocer absolutamente sus limitaciones.

La vorágine del trabajo hace que no note el agotamiento. Simple; le gusta lo que hace. Llega cansado a su casa, cena en familia y todos se acuestan tipo doce de la noche. “Todos nos acostamos relativamente tarde, después de cenar nos quedamos un rato pero casi no veo tele porque con los niños no se puede ver nada, el control remoto es de ellos. Pero no importa porque lo que vale es pasar un buen momento”, dice el ministro de Gobierno que prefiere mirar noticieros y el domingo no se pierde el fútbol.

Los fines de semana pintan siempre muy familiares, especialmente el domingo cuando el almuerzo y la larga sobremesa suele ser en la casa de los padres o de los suegros. El sábado es como su día personal, el que dedica para caminar en el centro y distenderse, pero siempre tiene una entrevista periodística. Es poca la gente que lo reconoce en la calle, por eso hace las compras en el supermercado solo o con su hijo mayor, sin que nadie lo pare en el camino.

La alarma suena tipo 9 de la mañana los domingos, y no la del reloj sino sus hijos. Salvo cuando “pudimos ubicar a los niños la noche que vamos a un bautismo, casamiento o cumpleaños. En ese caso, podemos estirar el sueño hasta las diez u once de la mañana”, comenta.

Por encima de todo, está su familia y también conservar las amistades. “Pero por mis responsabilidades, a eso hay que quitarle tiempo y pone en conflicto las prioridades que uno siempre ha tenido. No hay autoreproches, porque esta es una actividad en la que nunca te aburrís, el conflicto y los problemas son permanentes y las soluciones son ya. Es una inercia propia de movimiento que no lo sentís. Es tanto lo que uno se involucra que por el otro lado viene el ‘acordate que tenés una familia’. Uno trata de regularlo y tratar de no estar tanto con los celulares”, señala el funcionario.

La meta que tiene no es personal, sino más bien grupal. “Quiero que a este equipo de Gobierno le vaya muy bien y podamos satisfacer las expectativas que todo el mundo tiene en nosotros, no es menor estar acá. En el tema de Administración Pública no hay techo, por más que las cosas se hayan hecho bien siempre hay para mejorar”, comenta el ministro que proclama despersonalizarse en la gestión.

Seis personas integran su grupo de amigos más íntimos, dos están en Córdoba, dos en Mendoza y dos en San Juan. Les gusta juntarse, pero únicamente pueden coincidir una o dos veces al año. Todos son padres y usualmente la pesca los reúne. En la carrera política creó buenos vínculos, pero nada comparable con la profundidad de una amistad de veinte años. Y, según dice, es compleja la situación porque “además de las bondades, en la política también se ven las miserias de las personas, es muy competitiva, hay muchos celos y envidia. La política me ha dado amigos y me los ha quitado”.

Más íntimo

Con sencillez, más bien introvertido, con la simpatía medida, pero amable y cordial en el trato. Prefiere no definir él mismo su personalidad, porque le cuesta describirse. Igual, considera que no es de sociabilizar inmediatamente sino que “debo sentirme cómodo en el grupo y en el ambiente. No soy un gran sociabilizador pero tampoco soy antisocial, sino no podría estar acá. No soy sumamente divertido y dicharachero, pero dependen los ámbitos. Soy más bien tirando a serio”, indica el funcionario que siempre estuvo arriba de una bici o jugando al fútbol. Con espíritu de deportista, practicó desde rugby hasta hockey sobre patines.

No niega que, tal vez, le gustaría ser más sociable aunque reconoce que ser así no le ha imposibilitado absolutamente nada, tanto personal como laboralmente.

Su único miedo es a no intentarlo y no le teme al fracaso porque “siempre voy para adelante”. No le agradan las personas obsecuentes, “soy de tener o no tener química. Me cae bien, o no me interesa. Creo que algo bueno es que las personas sean agradecidas”, precisa el ministro que a los 20 años viajó como mochilero y llegó hasta Chile, Perú, Bolivia.

El ministro Baistrocchi junto a su esposa

El ministro Baistrocchi junto a su esposa

Le gusta viajar, aunque por su nueva función ya no puede sacar el auto e ir de un lado a otro. “Cuando tenga tiempo iré a Europa, a veces se da a la inversa: cuando tenés tiempo no tenés plata o cuando tenés plata no tenés tiempo. Conozco el norte y el sur del país, y me gustan los dos lados. He ido mucho de pesca al sur”, comenta el único de los hermanos que no conoce Europa y que, si tuviera más tiempo, viajaría con su esposa que suele hacerlo acompañada de la madre o de la suegra.

La comida no es un problema para el ministro, come lo que le pongan en el plato. “Mi padre es un gran cocinero y lo mismo uno de los hermanos. Yo no sé hacer nada de comer y no me interesa lo que me den. Me gustan los platos agridulces, también lo simple como las milanesas con papas fritas. No me gustan los fideos porque en una etapa de Córdoba comíamos eso todos los días con mis hermanos. Si puedo evitarlos, los evito. No tengo ni horarios para comer ni deseo la comida”, precisa el escorpiano.

Nadar y esquiar son sus hobby, abandonados hasta nuevo aviso porque no encuentra momentos para hacerlo. El género preferido de las películas es el Western y se engancha con las de cualquier época. “Mi abuelo era amante del Western y me debo haber visto todas las películas. Hoy no son comunes y cuando hay alguna la veo. Si mi mujer me encuentra viendo una del año 1969 me dice ¡´qué estás viendo’!. También me gustan las de acción y las épicas”, comenta. La serie Games of  Thrones, la saga El Señor de los Anillos y las películas Forest Gump y Sueños de Libertad son algunas de sus preferidas.

Con la música parece no llevarse tan bien. Le gusta, como a casi todos los mortales. Sucede que no tiene CD’s y ni siquiera un pendrive con canciones elegidas. “No tengo música favorita, me gusta lo tranqui como, por ejemplo, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Maná, Andrés Calamaro y el rock nacional. Cuando enciendo la radio en el auto escucho noticias, salvo que justo sintonice algo que me guste, ahí lo dejo”, señala. Trató de aprender a tocar la guitarra, pero nunca pudo. “Tengo un costado artístico sin absolutamente ningún don, no lo pude ejercer nunca. Me hubiese encantado poder cantar o dibujar”, confiesa el hincha de Boca que conoce la cancha xeneize pero nunca vio un partido de su equipo en la bombonera.

“Ese es un tema pendiente. Mi abuelo me llevó mucho a la cancha de Alianza, pero nunca me hice fan de un equipo de acá”, concluye el funcionario que tiene como regla no trabajar con parientes ni amigos porque es muy difícil.

 

 

 

 

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